miércoles, 24 de marzo de 2021

 

Actitud


Hola, muy buenos días. Soy Víctor, el alumno de EFA Valdemilanos que te pidió el correo electrónico el jueves pasado. Quería empezar mandándote las conclusiones acerca de la charla que nos impartiste, con el objetivo de mostrarte que fue lo que se imprimió en mi después de escucharte y que puedas aprender de mi igual al igual que yo de ti:


La tertulia se basó principalmente en una reflexión acerca de cuáles son las aptitudes necesarias de las que debería servirse una persona, para llegar a ser un emprendedor óptimo en el mundo y en el mercado en el que vivimos, y al que nos presentamos. Utilizar las herramientas  necesarias es esencial. Y entonces, cuál es la mejor herramienta para el emprendedor que se puede aplicar a todas las dimensiones del desarrollo vital. La respuesta es, sin duda, la actitud. A veces no es necesario ser el mejor en un campo, ni tampoco tener una cualificación respaldada por una titulación o un currículum que reúna una larga trayectoria en una disciplina. Basta con la predisposición, con la energía, las ganas de superarse y aprender, el querer hacer antes del saber hacer. Está claro que la formación es importante y necesaria para no quedarse obsoleto, el mundo avanza y tu debes adaptarte y evolucionar. Pero siempre se abrirán más puertas con una sonrisa que con una mueca desagradable. Hay que saber elegir cuál va a ser el camino que quieres recorrer, pero más importante aún saber cómo lo vas a recorrer, con quién y hacia dónde. No te olvides de ser despierto, anticípate a las oportunidades y no tengas miedo a lanzarte y decir: Estoy aquí, escúchame, porque quizá los dos salgamos beneficiados.


Me he sentido muy identificado con la tertulia y a la vez con la tertuliana. Ha centrado la reflexión en cómo ser una persona capaz, en torno al cómo y no al que. Nos enfrentamos a un mercado que se pregunta qué tienes tú para ofrecer, cuando realmente puedes ofrecer lo mismo que los demás y ofrecerlo mejor, depositando la elección de los demás en ti, por la confianza y la seguridad que te define. Todo esto debe respaldarse con responsabilidad, eficacia y profesionalidad, además debes arriesgarte a cambiar para mejorar y conocer nuevas fronteras, sin poner freno a tu desarrollo personal. Llevo años abriéndome paso en el mercado laboral y he conseguido ser la elección de los demás, en base a estos valores. Así que puedo decir que sí, funciona.



lunes, 15 de marzo de 2021


El valor de emprender en primera persona




Cuando sea mayor quiero...

 



El año pasado comencé en el programa Inicia a través de ASEME (Asociación de Mujeres Empresarias de Madrid). Fui a mi primera charla para contarles a los alumnos mi experiencia como empresaria, o eso creía yo, porque, en realidad, fui yo la que aprendí de ellos. Tras esa cura de humildad, cuando me pidieron que escribiera en el blog he de confesaros que tuve una mezcla de ilusión y miedo, porque es una gran responsabilidad.

 

Me dijeron que hablara de lo que quisiera y, tras varios borradores llenos de datos sobre el mundo empresarial, realizados con un lenguaje muy cuidado, me dí cuenta de que no estaba siendo yo.

Al final, superado el miedo, decidí que lo mejor que podía hacer era ser honesta y sincera con vosotros. Así que, disculpad que os cuente mi experiencia….

 

Como hija de empresario, he vivido desde que nací el mundo empresarial y soy el resultado, en mayor o menor medida, de los valores que mis padres me inculcaron,y, por ello, procuro ser honesta, sincera y generosa, conmigo misma y con los demás.

 

Me enseñaron que hay que soñar, porque las ideas surgen de los sueños, pero que hay que trabajar duro y ser realista para llevarlos a cabo.

 

Me enseñaron que la valentía está en intentarlo y que no fracasa el que cae, sino el que no se levanta tras la caída.

 

Me enseñaron que los errores solo los cometen los que hacen cosas y que sirven para aprender, porque el aprendizaje lo trae el camino que recorremos.

 

Me enseñaron que el trabajo no es duro, es arduo, porque si estás cumpliendo tu sueño no importan las horas, ni las preocupaciones, ni las dudas; solo importa que has tenido la gran suerte de emprender el camino que tú has elegido.

 

Me enseñaron que solo no se consigue nada, que hay que trabajar en equipo. Mis padres eran y son un gran equipo, y siempre han sabido apoyarse mutuamente.

 

Me enseñaron que crear una empresa es pensar en los demás: en tus empleados, en tus colaboradores, en tus clientes, en tus proveedores, en tus competidores, en definitiva, en todos aquellos que van a tener una importante relevancia en el cumplimiento de tu sueño.

 

Recuerdo como si fuese ahora que cuando le comenté a mi padre que quería crear una empresa él me dijo: ¿Estás segura de que quieres empezar esta aventura? Entonces recuerda, si ganas tu que ganen todos. Porque mi padre es como la mayoría de lo empresarios, personas que lo que quieren es un futuro mejor para su familia y para las familias de todos en la medida que esté en su mano.

 

Creo que ya os habréis dado cuenta de que os he estado hablando de una empresa familiar. Hay empresas familiares muy pequeñas pero también las hay realmente grandes. La mayoría de las grandes empresas comenzaron siendo empresas familiares: bancos, cadenas de hoteles, instituciones educativas, etc. Las empresas familiares se caracterizan por estar imbuidas por los valores de la familia que las ha fundado y su gestión suele ir muy unida al concepto de familia, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.

 

Pero es lo que conozco. Es lo que he vivido. Cenas en las que mamá nos regañaba porque estábamos hablando de la empresa. Largas conversaciones telefónicas con mi padre porque estaba de viaje y le quería contar cómo me había ido el último examen de la facultad. Que mis padres se enteraran de que tenía novio porque me topé con ellos en el portal de casa cuando volvían de una cena con un cliente y su esposa. La conversaciones en las que mi padre le pedía consejo a mi madre. La sobremesa en la que mi padre nos contó que había decidido no jubilarse porque necesitaba continuar su sueño. El día que mi padre me dijo, ya con 85 años, que se sentía como si tuviera 40 y que tenía una idea nueva que quería poner en marcha.

 

Y esa es mi herencia: la ilusión, la superación, las ganas de hacer cosas nuevas que aporten a la sociedad, las ganas de compartir con otros todo lo bueno y de proteger a los míos, de proteger a mi familia que, en mi caso, incluye a aquellos que trabajan conmigo, y digo bien, conmigo, porque considero que tengo colaboradores, no empleados.

 

En definitiva, cuando sea mayor quiero ser como mi gran héroe: aventurero, soñador, un creador que hace que crezca la sociedad y la economía, valiente, sensible, que quiere superarse cada día.

 

En definitiva, cuando sea mayor quiero ser como mi padre, mi gran héroe.

 

 

Paloma Factor San José

miércoles, 3 de marzo de 2021



 PROGRAMA INICIA


 

A veces la vida te ofrece regalos que no esperas. Así es como yo estoy viviendo esta experiencia de la mano de la Fundación Rafael del Pino, como un regalo. No podía tener este programa un nombre más revelador; “INICIA”. De eso se trata, de iniciar, de comenzar, de actuar.

 

En estos meses que llevo en contacto con profesores y alumnos gracias al programa, he visto y experimentado que hay muchas personas que tienen esa chispa, ese motor interno necesario para poder iniciar, para ponerse en marcha. Todo lo demás se adquiere, o se aprende, o se compra. Pero las ganas, si no se tienen, sólo se consiguen si alguien te contagia o te inspira para sacar lo que estaba, enterrado o adormecido, esperando a ver la luz para empezar a buscar tu camino. 

 

Este programa, a mi modo de ver, va de eso, de inspirar y contagiar a los jóvenes para que encuentren aquello que a ellos les encienda la mecha. Porque estoy convencida que tienen mucho que decir y mucho que aportar. Puede que algunos aún no lo sepan, o que no se hayan parado a mirarse para encontrar quienes son en realidad y quieren de verdad. No lo hacemos ni los adultos muchas veces. 

 

No es tarea fácil para estas generaciones. Les toca vivir en plena turbulencia, en un terrero incierto y lleno de vericuetos que además aderezamos con pesimismo, limitaciones y barreras.  Por eso se hace más necesario parar un momento, hablar, y desde la humildad, desde la honestidad compartir lo aprendido, con el único fin de despertar una mirada crítica, pero empoderada en los jóvenes, que necesariamente son los dueños del futuro.



Amalia Rodriguez