lunes, 15 de marzo de 2021

El valor de emprender en primera persona

Cuando sea mayor quiero...

 

El año pasado comencé en el programa Inicia a través de ASEME (Asociación de Mujeres Empresarias de Madrid). Fui a mi primera charla para contarles a los alumnos mi experiencia como empresaria, o eso creía yo, porque, en realidad, fui yo la que aprendí de ellos. Tras esa cura de humildad, cuando me pidieron que escribiera en el blog he de confesaros que tuve una mezcla de ilusión y miedo, porque es una gran responsabilidad.

 

Me dijeron que hablara de lo que quisiera y, tras varios borradores llenos de datos sobre el mundo empresarial, realizados con un lenguaje muy cuidado, me dí cuenta de que no estaba siendo yo.

Al final, superado el miedo, decidí que lo mejor que podía hacer era ser honesta y sincera con vosotros. Así que, disculpad que os cuente mi experiencia….

 

Como hija de empresario, he vivido desde que nací el mundo empresarial y soy el resultado, en mayor o menor medida, de los valores que mis padres me inculcaron,y, por ello, procuro ser honesta, sincera y generosa, conmigo misma y con los demás.

 

Me enseñaron que hay que soñar, porque las ideas surgen de los sueños, pero que hay que trabajar duro y ser realista para llevarlos a cabo.

 

Me enseñaron que la valentía está en intentarlo y que no fracasa el que cae, sino el que no se levanta tras la caída.

 

Me enseñaron que los errores solo los cometen los que hacen cosas y que sirven para aprender, porque el aprendizaje lo trae el camino que recorremos.

 

Me enseñaron que el trabajo no es duro, es arduo, porque si estás cumpliendo tu sueño no importan las horas, ni las preocupaciones, ni las dudas; solo importa que has tenido la gran suerte de emprender el camino que tú has elegido.

 

Me enseñaron que solo no se consigue nada, que hay que trabajar en equipo. Mis padres eran y son un gran equipo, y siempre han sabido apoyarse mutuamente.

 

Me enseñaron que crear una empresa es pensar en los demás: en tus empleados, en tus colaboradores, en tus clientes, en tus proveedores, en tus competidores, en definitiva, en todos aquellos que van a tener una importante relevancia en el cumplimiento de tu sueño.

 

Recuerdo como si fuese ahora que cuando le comenté a mi padre que quería crear una empresa él me dijo: ¿Estás segura de que quieres empezar esta aventura? Entonces recuerda, si ganas tu que ganen todos. Porque mi padre es como la mayoría de lo empresarios, personas que lo que quieren es un futuro mejor para su familia y para las familias de todos en la medida que esté en su mano.

 

Creo que ya os habréis dado cuenta de que os he estado hablando de una empresa familiar. Hay empresas familiares muy pequeñas pero también las hay realmente grandes. La mayoría de las grandes empresas comenzaron siendo empresas familiares: bancos, cadenas de hoteles, instituciones educativas, etc. Las empresas familiares se caracterizan por estar imbuidas por los valores de la familia que las ha fundado y su gestión suele ir muy unida al concepto de familia, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.

 

Pero es lo que conozco. Es lo que he vivido. Cenas en las que mamá nos regañaba porque estábamos hablando de la empresa. Largas conversaciones telefónicas con mi padre porque estaba de viaje y le quería contar cómo me había ido el último examen de la facultad. Que mis padres se enteraran de que tenía novio porque me topé con ellos en el portal de casa cuando volvían de una cena con un cliente y su esposa. La conversaciones en las que mi padre le pedía consejo a mi madre. La sobremesa en la que mi padre nos contó que había decidido no jubilarse porque necesitaba continuar su sueño. El día que mi padre me dijo, ya con 85 años, que se sentía como si tuviera 40 y que tenía una idea nueva que quería poner en marcha.

 

Y esa es mi herencia: la ilusión, la superación, las ganas de hacer cosas nuevas que aporten a la sociedad, las ganas de compartir con otros todo lo bueno y de proteger a los míos, de proteger a mi familia que, en mi caso, incluye a aquellos que trabajan conmigo, y digo bien, conmigo, porque considero que tengo colaboradores, no empleados.

 

En definitiva, cuando sea mayor quiero ser como mi gran héroe: aventurero, soñador, un creador que hace que crezca la sociedad y la economía, valiente, sensible, que quiere superarse cada día.

 

En definitiva, cuando sea mayor quiero ser como mi padre, mi gran héroe.

 

 

Paloma Factor San José

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